Cadena perpetua para Nordahl Lelandais por el crimen de Maëlys en 2017

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Cerca de las 2:45 de la madrugada del 27 de agosto de 2017, el DJ de una boda interrumpió la música para preguntar: “¿dónde está la pequeña Maëlys?”. Esta pregunta permaneció sin respuesta durante seis meses, hasta que la gendarmería halló “casi la totalidad” del cuerpo de la niña en una zona boscosa del este de Francia, tras la confesión de su asesino, Nordahl Lelandais.

Cadena perpetua para Nordahl Lelandais por el crimen de Maëlys en 2017

La víctima y el agresor habían asistido a la misma boda, la de Eddy y Anne Laure, en un salón de fiestas de Pont-de-Beauvoisin, un pequeño pueblo francés. Era una cálida noche de verano y la celebración reunía a unos 180 invitados.

Lelandais no era un invitado oficial, pero conocía al novio desde la infancia. Siguiendo la tradición local, había sido invitado al brindis tras la ceremonia en la iglesia. El día antes del casamiento, llamó para preguntar si podía sumarse a la fiesta, a lo que Eddy accedió, invitándolo a llegar para el postre. La novia lo describió como “una persona jovial, bonachona, a la que le gustaba la fiesta y que se integraba fácilmente al grupo”. Sin embargo, Lelandais, un exmilitar dado de baja por mal comportamiento, era conocido en la zona por consumir y traficar cocaína. Eddy reconoció meses después en el juicio que “había dejado entrar al lobo en el redil”.

Alrededor de la 1 de la madrugada, varios testigos vieron a Lelandais, entrenador de perros, conversar con Maëlys en la sala de juegos infantiles. Compartían la afición por los animales, y él le mostró fotos de sus perros en el celular; posteriormente, algunos invitados lo observaron jugar a la pelota con la niña.

Cuando los padres de Maëlys, Joachim y Jennifer de Araujo, notaron que su hija había desaparecido, la fiesta se tornó en tragedia. Los invitados comenzaron a buscarla sin éxito. La madre declaró que su “intuición” apuntó de inmediato hacia “el hombre de los perros”. Poco después de las 3 de la mañana, se cruzó con Lelandais, quien volvía del estacionamiento. Al preguntarle si había visto a Maëlys, él respondió con fastidio y superioridad: “No, no la vi”. Según la reconstrucción de los hechos publicada por Franceinfo, el exmilitar no participó en la búsqueda, fue visto vomitando en el baño y se retiró antes de las 4, cuando llegaron los gendarmes.

Las sospechas pronto recayeron sobre Lelandais, quien fue interrogado cinco días después de la desaparición. Las cámaras de seguridad lo grabaron conduciendo hacia la vecina localidad de Domessin, donde viven sus padres; en el asiento del copiloto se distinguía una pequeña silueta blanca. A las 2:55, otro dispositivo registró su vehículo en dirección hacia una vía férrea cercana; a las 3:09, fue captado regresando, esta vez sin nadie visible junto a él.

A las 3:25, su celular, anteriormente en modo avión, volvió a activarse en Pont-de-Beauvoisin. Lelandais afirmó a los investigadores que se había ausentado para cambiarse al mancharse el short blanco con vino y justificó sus desplazamientos relacionados con su tráfico de cocaína. Durante meses negó cualquier implicación, hasta que los forenses encontraron una mancha de sangre de Maëlys en el baúl de su auto. Además, estaba acusado del asesinato y desaparición de un militar que hacía autostop, el caporal Arthur Noyer. Finalmente, confesó haber “matado sin querer a la niñita”.

Según su versión, la niña le pidió ir a ver a sus perros, pero comenzó a llorar en el auto, momento en que él le dio “tres o cuatro golpes” violentos en la cabeza. Luego habría dejado el cuerpo cerca de las vías del tren, volvió a casa para cambiarse la ropa manchada de sangre y regresó a la fiesta para crear una coartada. Horas después recuperó el cuerpo y lo enterró en posición fetal en una zona montañosa a unos 10 kilómetros del lugar.

Los padres de Maëlys están convencidos de que Lelandais abusó o intentó abusar sexualmente de su hija. Durante la investigación, la policía halló en su celular videos donde se veía al exmilitar abusando de dos primas de 4 y 6 años, semanas antes del crimen. Otra prima de 14 años declaró que Lelandais la manoseó en el funeral de su padre. Sin embargo, el avanzado estado de descomposición del cuerpo de Maëlys impidió determinar si fue víctima de abuso.

En el primer día del juicio, Lelandais pidió disculpas a la familia Araujo y admitió: “Maté a Maëlys, pero fue sin querer”. Más adelante reconoció ser “culpable de todos los hechos que se le imputaban”, incluyendo el secuestro y asesinato, y confesó tener “inclinaciones pedófilas”. No obstante, negó haberse sentido atraído sexualmente por Maëlys, alegando que actuó bajo una “pulsión asesina” y que padeció alucinaciones en las que veía en el rostro de la niña la imagen de Arthur Noyer. “Toda mi vida tendré vergüenza, remordimiento y culpa por ello”, añadió.

Los expertos en psicología forense no creyeron este relato. Según ellos, Lelandais “no es psicótico ni esquizofrénico

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